Perder a un Ser Querido. Una oportunidad para Realmente Amar La Vida.

 

Un día vi a los ojos al médico que la atendía y no hubo nada que decir. Ambos sabíamos que ella se despedía.

La partida de un ser querido es un momento crucial en el que nos encontramos totalmente vulnerables y expuestos. Momentos de miedo, impotencia, soledad y culpa en lo que todo duele, y más que nada, vivir duele.

A mis cuarenta años me enteré que esperaba un bebé: Felicidad plena y agradecimiento al Creador por permitirme nuevamente traer vida a este mundo y amar al más alto nivel; cuidarla, verla crecer y acompañarla en cada momento. A su llegada sentí la tranquilidad de verla sana, la felicidad de saber que estaba allí y que no existía mejor momento que aquél. Todo esto cambió el día en que me dieron la noticia: Ella tenía medio corazón. Luego de tres meses y medio de ver a Michelle luchando por su vida, de siete operaciones y de vivir con mi amado esposo, mi familia y amigos la complicidad de amarla, partió. Nada pudo evitar el dolor.

No importa la conciencia de la trascendencia del alma. Se experimenta la fragilidad propia: El fin de lo banal y del control. La partida de mi hija me permitió dar importancia a lo esencial: Mi familia, propósito y amigos. Hubiese podido dar mi vida para salvar la suya, pero no pude quitarle el dolor y decir: “Ven, camina conmigo. Vive”. Reafirmé que esto no estaba en mis manos, porque existe un orden perfecto sobre el cual no tenía dominio.Diecisiete años de crecimiento personal en esta filosofía de vida no impidieron el dolor, pero marcaron la diferencia y permitieron transformar el dolor en combustible para vivir cada minuto con el amor y alegría de estar y cumplir mi propósito.

Este proceso implicó vivir y aceptar el dolor, reconocer la necesidad de ayuda, tener fe, saber que no estaba sola, asumir la responsabilidad de rescatarme, amarme como nunca, perdonarme y perdonar, dejar de culpar, buscar la lección; entender que cada día que pasaba sólo sintiendo dolor era uno perdido para honrar su memoria y permitirme seguir cumpliendo mi misión: Servir, prosperar y ser feliz.

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